Encuentro con el filo de la oz (3)
C A P Í T U L O 3
Contento
Despierto en domingo con la sensación más desesperante que puede levantarme, las ganas de hacer del baño sabiendo de antemano que la gente del campamento se había levantado horas antes a caminar al filo de la playa me hizo sentir irritada pues ellos llevaban en sus manos la llave del cuarto que rentaron para poder bañarnos y hacer del baño. Decidí levantarme y esperar fuera de la casa de campaña la llegada de esa llave tan deseada para mi en esos momentos; y no tuve que esperar tanto pues ya venían llegando de su caminata matutina. Como se pueden imaginar al llegar la llave me dispuse a correr al baño y de una vez aproveche a bañarme antes de que todos desearan hacerlo. Un baño fresco tranquilizó mi mente y me animo a salir del estado de ánimo que me hacía mantenerme desganada vagando por el área de acampado. Esta vez me dispuse a convivir y salir a ver la playa y claro no voy a dejar de mencionarlo otra de mis motivaciones para hacer esto fue que el día se encontraba en un estado que me fascina, nubes por todos lados bloqueando los rayos intensos del sol sólo dando paso a un gris destellante que iluminó por completo aquel día.
Un poco de convivio familiar practicando el deporte que más me gusta, mi amado "Voleibol". Si pudieran ver mi cara en estos momentos, verían el brillo de mis ojos aumentar y reflejar gusto al pronunciar la palabra, el voleibol es algo que me apasiona por completo, desde niña lo jugué y por azares del destino y algunas malas decisiones lo dejé; si pienso mucho en eso aún me entristezco por haberlo abandonado; pero esa es otra historia que tal ves después les cuente. Esa mañana se nos hizo tarde jugando al voleibol, reta tras reta, familiares y desconocidos entrando a la cancha para demostrar su habilidad buscando hacer eso que los libera de sus vidas, divertirse. Todos ahí pensando liberarnos y queriendo desenmarañar los músculos contraídos por el estrés comenzamos a competir como si la vida se jugara en aquel partido, comenzamos a meternos en la cuenta de puntos y a presionarnos para no perder puntos. - ¿Qué estábamos haciendo?, me pregunté. Al momento me di cuenta que se perdió el objetivo de la liberación de nuestros cuerpos y pusimos la mente a competir en vez de a convivir. Por suerte la mayoría de los de mi equipo se preguntaron lo mismo y aflojaron el cuerpo, pero el equipo contrario no lo hizo e insistió más en competir. Al ver esto y vernos en desventaja por diferentes razones decidimos ceder la competitividad e incrementar el ego del contrario, pusimos nuestro esfuerzo y perdimos, pero nos divertimos.
En ese tiempo de juego lastimé varias veces mi tobillo por saltar y caer en un terreno irregular y raspé mi rodilla con la arena mojada en la que jugábamos por lo que tuve que dejar de jugar un rato, lo cuál me hizo sentir un poco agobiada pues yo quería seguir jugando.
Se terminó el juego, todos fuimos a las mesas que rentó la familia cerca de la playa bajo una palapa que parecía recién construida. Nos refrescamos con las bebidas que nos apetecieron y comenzó la charla en algunos casos grupal y en otros interpersonal con el de a lado. Las mujeres y sólo algunos hombres comenzaron a retirarse para ir a preparar la comida, yo me quedé platicando con mi cuñado, un amigo de él y algunos primos. La plática se basó en política y violencia en las calles, lo cual empezó a tornarse incomodo pues alguien de los que nos encontrabamos ahí, comentó: "Las paredes oyen", a lo que todos entendimos que era un tema incómodo para algunos y por lo cuál decidimos dar por terminada la plática, sugerir que se hacía tarde y retirarnos del lugar para ir a comer. Nos acercamos al campamento y ya había varia gente comiendo unas deliciosas tostadas de ceviche de pescado y camarón. Otros tantos asaban carne y repartían entre la gente y otros reposaban ya sus alimentos. La tarde pasó rápido entre platicas sin sentido, platicas sobre el clima, la comida y el juego mientras otros bailaban, cantaban y tomaban.
Llego la noche y yo me encontraba ahí sin enjuagarme del juego aún y con mucho frío. De entre los murmullos de las pláticas personales y grupales salió una voz sugerente que dijo: -Es hora de jugar Contento, muchos se alegraron alistaron sus monedas y se arrimaron a la mesa principal. Contento es un juego de cartas de Azar para gente vivaracha, digo vivaracha porque no es un juego complejo que sólo personas de cierto grado de estudios puedan jugar, sino más bien se trata de que tan avivado te pongas a la hora de decidir tu movimiento; digo de azar porque la carta que te toca es al azar y tú solo decides sobre lo que te toca dejando lo demás a la suerte. El juego consiste en jugar varias rondas en las que habrá uno o más perdedores; él o los perdedores son los que tienen las cartas más bajas en cada ronda. Al sacar la carta más baja se pierde una vida y al agotarse las vidas se sale del juego. En cada ronda comenzando por la persona a la derecha de quién repartió las cartas, cada jugador tiene la opción de decidir si está contento con su carta o si la quiere cambiar, si la quiere cambiar entonces intercambiará su carta con el jugador de la derecha, el de la derecha hará lo mismo y así sucesivamente hasta llegar al que repartió las cartas; éste último si no está contento con su carta intercambiará su carta con el mazo y si está contento destapará su carta al mismo tiempo que todos destaparán las suyas, en ese momento se verá quién o quienes tienen las cartas de valor más bajo y perderán una vida. Gana la persona que en la última ronda cuando sólo queden 2 personas saque la carta mayor.
Casi al empezar el juego cuando ya todos estaban reunidos me dí una escapada para poder bañarme agusto y sin presión. Como hacía frío y no me quedó de otra mas que bañarme con agua helada, al salir del baño me puse la ropa más caliente que encontré y así me arrimé a la mesa a ver el juego y platicar con los que no jugaban. Ahí entre gritos del juego y la charla que era más carrilla que nada, y mi intento por conseguir Internet se fue la noche y el sueño amenazo con llevarme a la cama temprano. Al terminar el juego las madres sugirieron la cena a lo que muchos rápidamente acentuaron que ya era hora. Algunos cenaron hot dogs, otros leche con pan o galletas; yo solo tomé leche con galletas maravillas. Comenzó la hora bohemia con música interpretada por una de mis primas y el coro de la gente ahí presente, la bebida los incitaba al canto y ahí sin darse cuenta todos eran tenores de ópera. Después de casi una hora el sueño me llevó en sus brazos hasta el colchón inflable de mi casa de campaña, me dispuse a dormir pero los gritos, el ruido y música me lo impidieron por algunos minutos. Después no supe nada hasta el siguiente día que desperté como si fuera otro día común.
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