Encuentro con el filo de la oz (2)
C A P Í T U L O 2
El segundo viaje
Doy vuelta a la derecha en una callesilla que al verla sabes que finge progreso, que tuvo encuentros con la pobreza y los oculta bajo el asfalto gastado. Doy vuelta a la izquierda bajando la velocidad hasta primera, el empedrado te recuerda de donde vienes y a donde vas; una vez más vuelta a la derecha y a media cuadra en un cancel negro mi "Hogar". Mi padre se encuentra en la cochera subiendo cosas a la cajuela del coche para emprender el segundo viaje, mi madre dentro de la casa descansa en un sillón de la sala esperando mi llegada. Bajé el volumen del estéreo y asomé mi cara por la ventanilla del coche mientras paraba por completo el carro frente a la casa, - Allow Toño!! dije, a lo que él respondió rápidamente sin voltear a verme - Allow hija!!. Me dió felicidad verlo ahí haciendo sus cosas reconociendo mi voz al instante, tal ves ya me esperaba y asocio que era yo, o simplemente mi voz jamás la olvidará. Estacionaré el carro - le dije. Al instante conduje el carro y lo estacioné enfrente de la casa en un espacio libre que tiene la casa del vecino de enfrente. Bajé mis cosas que eran pocas y arribé a mi casa. Mi mamá esperaba sentada en el sillón grande de la casa y al verme entrar se levantó y me dijo - Hola Chelita como estás hija?, yo la abracé con mucha fuerza y le dije - Muy bien mami, te extrañé mucho y ya quería verte. Comenzamos a platicar al momento que dejaba mis cosas en mi recamara en el segundo piso; me preguntaba acerca de mi vida fuera de casa y mi trabajo mientras me ofrecía una torta para desayunar, yo le platicaba mi vida y le preguntaba cosas sobre ellos y de mis hermanos y familiares, un momento casual y alegre a la vez. Al momento que mi papá terminara de subir las cosas a la camioneta emprenderíamos el segundo viaje por lo que me dispuse a dejar mis cosas listas para ese evento y ayudar en lo que pudiera para agilizar las cosas.
Se llegó el momento, emprendimos el segundo viaje con pláticas amenas sobre nuestras vidas, sobre el pasado y el irevelable futuro. Todo el tiempo me mantuve con una actitud desganada de estar pero con ganas de hablar, navegando entre palabras y surfeando una que otra ola de interesantes propuestas. Pensaba en lo aburrido que sería verme ahí oyendo esas pláticas desinteresadas de la gente, esos chismes sobre la familia y viendo gente que no me complace del todo. Me veía plantada en una silla con una mirada perdida y una sonrisa fingida con una sola idea en la cabeza: yo, las nubes y las estrellas.
Después de cincuenta minutos de viaje arribamos a nuestro destino, un lugar muy sencillo frente al mar o al menos a unos 20 metros de él y con muchas palmeras delimitando los espacios para acampar. Ahí estaban ya algunos personajes agradables y otros no tanto de la amada familia de mi madre; y no les voy a mentir la mayoría de esos personajes y de los que llegarían me caen bien pero como en todo existen excepciones y de esas excepciones tal ves otras excepciones, por lo que lo primero que pensé al llegar fue: Déjate llevar, no te limites ni te expongas, sé tu misma y lograras tu cometido; el cuál era descansar y disfrutar de mi familia.
Quince minutos para descargar y saludar, otros veinte para armar casas de campaña, equiparlas y comer algo sabroso. En todo el día no me moví del área de acampado, solo roté mi cuerpo por las diferentes estancias del lugar encendiendo mi cerebro únicamente para lo verdaderamente interesante. Fuí un ente ocupando un lugar en el espacio de aquel sábado de campamento en la playa.
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