El ciclo

Ya no soy la misma, y lo siento muy claro, se percibe tan evidente y sutil, como cuando has comprendido alguna ley de la física, la traducción de una palabra en otro idioma, el botón que hay que pulsar para enviar un mensaje, y tu mente ágil lo razona fácilmente.

Vino de la oscuridad, siempre viene de ahí. Es triste darme cuenta que no soy capaz de reflexionar hasta lo mas hondo de mi ser si no es por la oscuridad, cuando ya no queda nada que perder pues ya me encuentro en lo más profundo. Soy un ser oscuro, para alcanzar el brillo que tengo para dar necesito esta oscuridad, necesito que me invada y me deje ir a lo más inhóspito, incluso a lo prohibido, a esa parte que todos te prohiben porque "es de locos", es "antinatural", es contra la ley de la naturaleza pensar en: no estar, no existir, morir, ser nada, no haber existido nunca, desaparecer.

No es depresión eso lo sé, es ausencia del ser y del pensamiento lúcido. Cuando algo te hace falta y no encuentras con qué sustituirlo comienza el juego de sustitución, donde te encuentras en una constante búsqueda de lo que te hace falta, y como si fuera un rompecabezas intentas embonar cada pieza que encuentras y aunque aveces no encaja, finges que sí lo hace. ¿Y cómo no fingir si el significado del ser humano construido por la sociedad te incita a vivir siempre completo?, te hablan de la plenitud y de que el ser humano es super poderoso, te hablan de la inteligencia emocional y del poder de la mente. Pero qué saben ellos de las particularidades y la singularidad de las personas, quieren crear leyes generales que nos rijan a todos para nuestros adentros, cuando lo único que yo deseo es no tener límites dentro de mi mente, quiero ser única y no estar en constante búsqueda de la plenitud. La mente debería ser el refugio de las personas, ese lugar al que llamamos hogar y somos bienvenidos, al que regresamos después de un mal día, el que nos abraza y nos da calor, pues ¿qué hay de malo en saberse imperfecto, en saberse incompleto?, yo me lo pregunto a diario.

Puede pasar un largo tiempo antes de que dejes de engañarte y decidas desechar esa pieza para continuar el juego, y te engañas doblemente pues sabiendo que tú pusiste la pieza que no encajaba, de pronto esa pieza ya no era suficiente, ya no era la que buscabas, pero, en realidad nunca lo fue. Y de nuevo te sientes incompleto y te invade la ansiedad, el maléfico pensamiento de ser seres completos nubla tu mente de nuevo y no va a descansar hasta que lo encuentres o decidas engañarte de nuevo.

¿Y cuál es la pieza que nos hace falta?, parece que nunca hay tiempo para detenerse a pensar en eso. Para algunos, es una persona, su media naranja, para otros podría ser su profesión y alcanzar el éxito, tener hijos, ver el mundo, la fama, la familia, el amor, y un sin fin de piezas faltantes que sin duda nos mantienen en constante movimiento, al menos mientras se es joven porque parece que las personas mayores ya lo han jugado y quizá ya hayan ganado o perdido con dignidad.

En cada búsqueda se gana o se pierde algo, no se puede ser la misma persona todo el tiempo, y los cambios que vemos siempre dependen de las vivencias que tuvimos, las personas que conocimos, los lugares que visitamos. Y todo esto puede cambiar y nosotros podemos seguir en un ciclo, dejarnos llevar por las circunstancias de nuestra vida y las leyes que la rigen pensando en que no podemos cambiar nuestra situación porque el sólo pensar en cambiarlo nos genera ansiedad de lo lejano que se ve el fin, y de los monstruos que vamos a enfrentar, y si el imaginarlo es aterrador, cambiarlo va a ser mucho peor.

Y sin embargo "cambiamos", podemos no darnos cuenta pero la vida nos cambió. Nos hemos movido de un punto a otro y en el traslado no sólo el tiempo pasó. Entonces, ¿vivimos en un constante cambio que no deseamos? aveces parece tan evidente que estamos siendo llevados por la corriente y sería ingenuo pensar que la corriente es sólo el efecto que nos mueve, dejarnos llevar o no hacerlo es una "decisión" y las decisiones traen consecuencias. Decidir ser arrastrado y dejar que otros decidan por nosotros es un factor de cambio, una pieza que encaja mal sin duda, y siendo sinceros ¿por qué ceder ese poder a alguien más? porque en el ciclo de búsqueda de la plenitud muchas veces será más fácil escuchar a los que "saben" qué es la plenitud, si no ¿por qué todo el tiempo te lo sugerirían?. Lo inexplicable siempre es que cuando lanzas esa pregunta al mundo, nadie sabe responder con una única respuesta, ¿entonces por qué sugerir algo que sólo funciona en lo individual?, porque nos construyen un mundo colectivo de reciprocidad, de dar para recibir, de no esperar nada a cambio, pero debemos dar siempre lo mejor de nosotros; nos hablan de servilismo y paciencia, de amor al prójimo, de ser piadoso y de perdonar al que nos ofende. 

Centran las reglas en formas de convivencia colectiva y de cómo el mundo espera que reaccionemos y nos comportes en sociedad, cuelgan en pedestales a los que no pensaron en ellos mismos y le dieron todo lo que tenían al mundo, porque esa debería ser la forma en la que todos debemos actuar, seres de luz y de amor, cuando desde el principio somos seres individuales. Sí, ya sé que nacemos en el seno de una familia por lo que es fácil pensar que no existe la individualidad en el comienzo de nuestra existencia en el mundo pero yo no me refiero a el acto de nacer individuales sino al momento específico en que tomamos conciencia de nuestro ser, y es que no podemos actuar en sociedad sin ser conscientes primero de nuestra individualidad, esa que evoca en la oscuridad donde no importa lo que vemos ni lo que oímos, sólo importa lo que sentimos. Por eso es tan importante sentirnos cómodos en lo individual, sentirnos libres en nuestra mente para que ahí sea siempre el lugar más seguro y de dónde emerge lo mejor de nosotros.

Y qué más da si no estamos completos, siempre se puede romper el ciclo, buscar lo necesario y comenzar por encontrar la valentía para buscar en nuestros adentros, a sincerarnos con nosotros mismos y conocernos tan profundamente que cuando nos pregunten si somos plenos, que la respuesta sea, sí.






 

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