Encuentro con el filo de la oz (4)


C A P Í T U L O  4
No llores


Abrí mis ojos con la certeza de que era hora de la partida, de regresar a la rutina en esa ciudad en la que soy una extranjera más queriendo superarse. Abrí los ojos a la realidad y me sentí fatigada sin sentido, solo sabía que quería quedarme ahí en ese colchón inflable desvanecida e inconsciente. Escuchaba las voces de todos afuera hablando del desayuno, de a que hora partiríamos, de si habría chance de ir al mar. Gire mi cabeza a la izquierda y ahí al fondo de la casa de campaña dormido en un catre de acampar estaba mi amado padre, sólo él y yo nos encontrábamos en la casa de campaña. No pude evitar notar que él dormía disgusto y me pregunte si se sentía bien. Me quedé ahí echada mirando al techo de la casa con una mano en mi estómago y la otra la deje caer explorando el suelo, estuve ahí unos minutos cuando de pronto entró mi hermana a la casa y me dijo -Hola Chelis! Ya levántate flojis, a lo que yo respondí con una sonrisa -No quiero!. Ella en voz baja me preguntó si mi papá estaba dormido y le dije que no tanto pues ya se había movido antes. Ella puso su mano en la pantorrilla de mi papá y le dijo -Allow toño!. Él volteo con una sonrisa pero con la cara un poco perdida y con malestar. 

En un instante no sé que paso, todo mi mágico mundo perfecto se desvaneció y se oscureció, mis manos temblaban, mi cuerpo explotaba y mis ojos paralíticos de lo que veían no hacían más que retener las lagrimas que querían derramar. Con una fuerza que no sabía que tenía, me alcé del colchón, quité todo a mi paso sin importarme lo que era, lo aventé con tanta fuerza que las cosas chocaban haciendo un ruido alarmante. Los gritos que venían de fuera desesperados, y el llanto de mi hermana pidiendo ayuda le dieron el impulso a mi ser para correr hacia él y con toda la fuerza y coraje que pude juntar lo empujé para ladearlo y salvar su vida. Mi padre, uno de los seres que más amo en este mundo y por el que daría la vida sin pensarlo casi muere por broncoaspiración después de un desmayo y yo junto con mi hermana estuvimos ahí para evitar que eso sucediera.

Él intentó levantarse cuando mi hermana y yo hablábamos sobre el viaje de regreso, ella me decía que se iría temprano por que quería descansar. Alcanzó la entrada de la casa de campaña e intentó salir pero en ese momento su cuerpo se desvaneció hacia atrás cayendo boca arriba, sus ojos se hicieron hacia arriba y comenzó a vomitar, mi hermana que era la más cercana corrió inmediatamente a tratar de ladearlo pero no podía pues su cuerpo era muy pesado y yo inmediatamente corrí a ayudarla. Cuando por fin lo pusimos de lado, comenzó a salir todo el vómito de su boca y de repente pudo respirar y abrir los ojos. Comenzó a recuperarse de a poquito, mi hermana ya fuera de la tienda lloraba y mis tías y su esposo la consolaban mi mamá junto con mis tíos y primos ayudaron a mi papá a levantarse y a salir de la tienda. Todos hablaban de eso, de cómo paso todo, de lo que pudo haber sido y yo, yo solo me hacía la fuerte evitando llorar y sonriendo un poco para animar a mi familia. Yo no sabía lo que había hecho hasta que una tía mía se acercó a mi y a mi hermana diciéndonos que le habíamos salvado la vida, que de no haber estado ahí el hubiera muerto por una broncoaspiración y que eramos sus ángeles. Ahí fue cuando comprendí lo que había pasado y tome conciencia de lo que mi ser es capaz de hacer por alguien amado.

Paso el tiempo y mi hermana y yo desayunamos, todos platicaban ya de otras cosas y así de la nada una de mis tías nos avisó que mi papá iba camino al mar sin compañía, entonces mi mamá, mi hermana y yo, corrimos a alcanzarlo, pero él ya estaba entrando al mar. Al llegar a la orilla, nos mantuvimos al margen vigilando que estuviera bien y esperamos su salida. Mi mamá preocupada intentaba hacerse escuchar y decirle que podría ser peligroso, él sólo quería asimilar lo que le pasó y despejar su mente. Al salir le dimos una toalla y comenzamos a platicar sobre como se sentía, mi hermana se acercó para abrazarlo y él la abrazó también y entonces todos nos abrazamos y él solo dijo GRACIAS!. 

Compramos un pescado zarandeado para que mi papá comiera, recogimos las tiendas y familia por familia nos fuimos despidiendo del lugar. Y yo al llegar a casa solo tuve tiempo para bañarme y despedirme de todos. Ese adiós fue muy triste y amargo para mi. Subí a mi carro y me alejé viendo en el retrovisor a mi familia, pero al dar vuelta a la esquina se esfumaron. Fui a casa de mi ser especial para recogerlo, saludé a él y a su familia y nos despedimos con una sonrisa. En el camino hablamos muy poco, nos contamos cosas de lo sucedido en nuestros días sin vernos y yo, le relaté lo ocurrido pero no como me sentía. Vimos la entrada de la ciudad antes de caer el sol, las mismas luces de filas de carros nos recibieron y nos detuvieron por un rato más. Cansada de cuerpo y alma por fin llegué a mi rincón en la gran ciudad, hice lo de rutina: mandarle mensaje a mis padres de que llegué bien, ponerme la pijama, prender la tele, desempacar y acomodar todo y recostarme después de un largo viaje. Antes de eso, fui al cuarto de mi amor tratando de encontrar consuelo, pero al verlo ahí descansando no quise atormentarlo con mis dolores, así que solo regresé a mi cuarto, apagué la tele, me tapé con una cobija y comencé a llorar.

F I N

Esta es una historia real, la comparto porque quiero recordar el día más trágico de mi vida hasta ahora, y porque quiero compartirles mi sentir en esos momentos de peligro. Sé que todos reaccionamos diferente, pero hay algo que sin duda me hace pensar que en el mar de sentimientos que uno siente en esos segundos, al menos uno de esos sentimientos lo compartimos. Somos humanos y sin duda uno de los seres más sorprendentes e inimaginablemente poderosos, debemos explotar nuestra capacidad y hacerla valer, pero sobre todo expresar lo que sentimos, no importa el momento, no esperes para decirlo, o expresarlo por que tal ves pueda ser muy tarde.

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